sábado, 27 de mayo de 2017

DIEZ AÑOS SECUESTRADA


Hace algún tiempo veíamos a través de la televisión y el cine colombiano aquellas experiencias que nos resultaban tan lejanas, referidas a personas que pasaban varios años secuestradas por la guerrilla. Personas sometidas a un presidio ilegal, en muchos casos en medio de la selva, aguardando cual mercancía, para ser canjeada por criminales convertidos en políticos armados. En Venezuela nos resultaba harto difícil siquiera imaginar la posibilidad de pasar los días, semanas, meses y años conscientes de que nuestra libertad se reducía a la decisión de unos pocos.

En medio de la aberrante ola represiva que la dictadura de Nicolás Maduro ha desplegado con el propósito de perpetuarse en el poder, son centenares los hombres y mujeres que hoy abarrotan las mazmorras chavistas de Ramo Verde, el Sebin y otros sitios de represión-reclusión improvisados para mantener a quienes han sido detenidos por pensar distinto. Y más que detenidos se trata de secuestrados por un régimen que invierte más en perdigones y lacrimógenas que en libros y medicinas. Sin embargo, una de las más emblemáticas secuestradas del chavismo, por aquellos años donde todavía contaban con ingentes recursos para acallar conciencias de pobres, clase media y ricos, fue la libertad de expresión.

Un 28 de mayo de 2007 por orden del fallecido Hugo Chávez Frías, un capítulo de nuestra historia que se remontaba a 1953, llegó a su fin. A través de la hegemonía mediática que ya para aquel entonces tenía el gobierno, se hicieron grandes esfuerzos por imponer la vaselina semántica. No se trataba de un cierre sino del “fin de la concesión”. El problema es que ese “fin de la concesión” condujo a lo que todos sabíamos: el cierre de Radio Caracas Televisión.

Antes de 1998 en la imperfecta democracia venezolana, en aquel sistema corrupto, clientelar e ineficiente, no fueron pocas las muestras emblemáticas de la diferenciación entre Estado y gobierno. El mejor ejemplo es el de los militares que en la madrugada del 4 de febrero de 1992 se sublevaron en contra del sistema: usaron su condición de soldados y las armas de la República para atacar instituciones, provocaron más de 300 muertos, daños materiales e inmateriales, y solo purgaron dos años de cárcel sin llegar a tener sentencias firmes por sus delitos. Hoy conocemos cómo en más de una ocasión se decidió desaparecer a los llamados “golpistas” y a la vez cómo funcionarios, jueces y fiscales levantaban teléfonos, conversaban y evitaban que la venganza enviara directamente al cementerio a la cofradía militarista que hoy destruye a Venezuela cual cáncer.

Quienes nos formamos en los valores de la democracia, en los días previos al 28 de mayo de 2007, nos aferrábamos a la posibilidad de que un tribunal, la defensoría del pueblo o algún funcionario emitiera algún tipo de medida cautelar que pusiera freno a la reducida visión de Hugo Chávez sobre la política y la moral. Conscientes de que los medios de comunicación a finales de los noventa habían obrado activamente en la destrucción de la democracia, claros de que la televisión venezolana no era necesariamente el mejor ejemplo de calidad en cuanto a producción y programación, veíamos a RCTV como una ventana de libertad para la disidencia, a la que tal vez alguien desde las instituciones protegería en sentido categórico; es decir, pensando en mantener espacios abiertos para la crítica y el libre pensamiento.

No fue así. Un Hugo Chávez devenido en dueño y señor de las riquezas, de las instituciones y del país en general, impuso su visión y aquella fatídica noche le puso fin a un capítulo de la historia de la libertad de expresión, a la vez que inicio uno más en el relato de la opresión.

Es noche fuimos víctimas de la represión a nivel nacional. Los perdigones y las lacrimógenas aparecieron cual plaga hiriendo y destrozando vidas. Esa noche incluso pude sentir como una especie de martillazo endemoniado dejaba en mi rostro una cicatriz para nunca olvidar lo duro que golpea la represión de un gobierno militarista.

No obstante, ese acto de tiranía desenfrenada por parte de un hombre en contra de las mayorías, logró gestar un llamado a la conciencia en la conducción de la resistencia contra el autoritarismo, y así vimos como desde las universidades jóvenes de todas las clases sociales decidimos ser un factor decisivo en la conducción política de nuestro país; nació el movimiento estudiantil de 2007. Del que formaron parte quienes precisamente hoy dirigen la resistencia contra la dictadura de Nicolás Maduro, y del que en mayor o menor grado formamos parte mucho de los que hoy cumplimos funciones como servidores públicos en las instituciones ganadas como espacios para la democracia.
Desde vicepresidente de la Asamblea Nacional, diputados, alcaldes, concejales, funcionarios, profesores, jefes de partidos, pasando por presos o perseguidos políticos, militantes, activistas y luchadores por la democracia en general tenemos en el movimiento de renovación política que tuvo en el cierre de RCTV un referente para el llamado a la acción.

Ahora bien, hoy no solo la libertad de expresión se encuentra secuestrada por la dictadura. La democracia corre el riesgo de ser ajusticiada luego de que los traficantes del poder que integran el partido nacionalsocialista unido de Venezuela junto a los gorilas rabiosos de las fuerzas armadas y sus paramilitares la han violado, torturado, vejado y humillado. A falta de recursos para mantener el aparato clientelar, la dictadura pretende extorsionarnos y hacernos entregar el futuro a cambio de que paguemos con nuestra libertad.


La dictadura sigue insistiendo en cerrar las puertas del siglo XXI a Venezuela. Pero hoy somos millones los que en las calles no descansaremos hasta ver libres a los prisioneros de esta oscura etapa de nuestra historia. ¡VOLVERÁ RCTV Y TAMBIÉN VOLVERÁ LA LIBERTAD A VENEZUELA!

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