En medio de la visión económica y política basada en las llamadas "ventajas comparativas", en Venezuela se construyó a partir de 1958 una democracia basada en el tutelaje del progreso por parte del Estado; es decir, a mayor democracia, mayor el tamaño del Estado y mayor la dependencia; lo cual se interpretó como "progreso". Incluso los académicos no exigían el derecho a emprender más allá de sus cargos como docentes o investigadores en dependencias públicas, sino mayores sueldos, más bonificaciones, más beneficios contractuales.
La democracia en 1978 era sólida porque el Estado venezolano tenía mucha plata para obras públicas, para dar trabajo y subsidios a las clases pobres. Ese sistema, al no contar con los ingentes recursos provenientes de la renta petrolera, colapsó y dio paso al resurgimiento del militarismo, de la mano de la antipolítica y la perenne conspiración del resentimiento impulsada por sectores políticos autodenominados "de izquierda". Así llegó Chávez al poder en 1998, así el "comandante" impulsó un proyecto de destrucción de capital social a favor del fortalecimiento de su figura personal, así hizo de la democracia un expresión de máxima dependencia-sumisión material y mental hacia el Estado representado por el gobierno.
A 5 años años de la muerte de Hugo Chávez hoy tenemos un país polarizado, pero no entre chavistas y opositores sino entre dos visiones históricas sobre la política: de un lado los que buscan mantener su esquema de dependencia del Estado, recibiendo dádivas en una caja, o defendiendo la posibilidad de mejorar el desempeño del gobierno para que aumenten los ingresos y así el equilibrio de la dependencia sea restituido. Ahí se ubica el chavismo y una parte muy importante de la oposición (sobre todo las tendencias izquierdistas).
Del otro lado están los venezolanos que se han ido del país con la firme intención de hacer dinero para mantener a sus familias desde el extranjero, los vecinos que se organizan para recoger sus desechos sólidos ante la ineficiencia de las rutas públicas de recolección, la gente que contrata un bus para movilizar a los estudiantes y trabajadores de la comunidad ante la falta de unidades o la falla general del servicio existente, quienes han dejado sus empleos públicos para dedicarse a producir desde sus casas, los campesinos que dejaron la beca de la misión y hoy están nuevamente cultivando la tierra, los que en general cada vez resuelven más por cuenta propia, por su emprendimiento y autogestión, lo que antes o que según la ley sigue siendo responsabilidad del Estado.
Por ahí podemos encontrar elementos de análisis para lograr derrotar no solo al chavismo sino a la cultura de la dependencia.
